Quien guarda halla… Este texto es parte de un relato de esos que espero, esperamos todos, que algún día vea la luz:
«De aquel enorme Opel, tengo tres recuerdos especiales aparte del tamaño que lógicamente ya no podré comparar con las dimensiones actuales. Uno era que tenía estribos, otro los trasportines detrás de los respaldos del conductor y copiloto y, por último, los divertidos mecanismos de intermitencia que salían como chiflados resortes por los laterales, entre las dos puertas, haciendo ángulo recto con el costado y recogiéndose después, como si de un cuco se tratara. Unos años más tarde, se compró un SEAT 1500 que supongo sería el último grito en cuanto a locomoción se refiere, pero salvo el asiento delantero que era corrido o el cambio de marchas que iba también en el volante, como las hechuras del Kapitán, ninguno. No creo que sea necesario decir que, al igual que a mi abuelo, a mí me encantaban los coches ¿Verdad?»
Gracias a Google y a YouTube podemos ver el aspecto majestuoso de ese magnífico coche. Además, por lo que me he leído, creo que se trata del mismo modelo.
© Fernando Vázquez


1 comentarios:
Todo se andará, de hecho estamos corrigiendo. Ese párrafo pertenece a uno de los primeros capítulos de la biografía novelada de su padre. Hace poco que lo he releído…
Un abrazo, Patxi
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